100 metros sala: Patinando demasiado cerca del sol
En la sala 207.01 comparten espacio los carteles promocionales del ballet ruso y el combate de boxeo entre el americano Jack Johnson y el británico Arthur Cravan. Ambos espectáculos, aparentemente muy distintos, coincidieron en tiempo y espacio en la Barcelona de 1916-17. Se crea una dualidad interesante: elegancia y crudeza, alta cultura y cultura popular, maillot y sangre, Rusia y Estados Unidos. Una serie de contrastes que encuentran su paralelo en el patinaje artístico.
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| Sala 207.01. Fuente: Museo Reina Sofía |
Cada cuatro años el patinaje artístico es el deporte más visto de las Olimpiadas de Invierno, y el más antiguo también, debutó en los Juegos Olímpicos de 1908. Aparentemente grácil y elegante, es una disciplina más truculenta de lo que puede parecer, sin ir más lejos, las pasadas Olimpiadas estuvieron marcadas por el escándalo de dopaje de una quinceañera Kamila Valieva. Este año el panorama también prometía.
La pareja francesa, formada por Guillaume Cizeron y Laurence Fournier Beaudry, lleva envuelta en el drama desde su creación. Beaudry llevaba trece años patinando con su ex pareja, Nikolaj Sorensen, pero hace dos años, este fue acusado de abuso sexual, lo que llevó a una sanción de seis años para el patinador. Beaudry tuvo que buscarse un nuevo compañero si quería competir en Milán este invierno. Por otro lado y también en 2024, Guillaume Cizeron se separó de su pareja histórica, Gabriella Papadakis, con la que llevaba patinando desde los cuatro años. Ella publicó un explosivo libro, explicando que Cizeron era muy controlador con ella —cabe mencionar que nunca fueron pareja sentimental, Cizeron es homosexual—. Sorprendentemente, los descolgados Beaudry y Cizeron anunciaron su colaboración como pareja de competición. Los seguidores de la disciplina no sabían qué esperar, pero Cizeron y Beaudry han demostrado congeniar bien ya que terminaron por llevarse el oro, aunque no sin controversia. Muchos consideran que el patinaje de los americanos Chok y Bates fue mucho más limpio y que el francés cometió un error evidente pero el juez de la misma nacionalidad infló la puntuación de la pareja.
En el patinaje individual masculino, parecía que iba a haber poca emoción, el podio estaba claro. El estadounidense Ilia Malinin era el candidato indiscutible al oro. De padres patinadores y aspecto principesco, es el niño de oro del patinaje estas últimas temporadas. El patinador, que se autodenomina quadgod (dios del salto cuádruple), tenía un programa tan cargado de saltos, de una dificultad muy superior a los demás patinadores. Además, el público estaba expectante porque Ilia Malinin iba a hacer el primer cuádruple Axel en los Juegos Olímpicos. Este salto se consideraba hasta ahora imposible físicamente, pero Malinin ha demostrado que es posible en numerosas competiciones. Tan seguro estaba de su victoria que incluyó en su programa un salto mortal, que supone una penalización de puntos por lo arriesgado que resulta. Pero el resultado no fue el esperado. Ilia tuvo una caída en el cuádruple Axel, su baza más fuerte. No solo no logró el record si no que le afectó psicológicamente y tuvo que pelear cada salto y volvió a caerse. El resultado fue estrepitoso. Ilia Malinin bajó de la esperada primera posición a la 8ª. Los otros dos favoritos al oro, el japonés Kagiyama y el francés Siao Him Fa, patinaron con torpeza y, para sorpresa de todos, incluyendo a él mismo, el oro recayó sobre el kazajo Shaidorov, primer hombre de esa nacionalidad en clasificarse para las olimpiadas en patinaje artístico.
En el caso de las mujeres, la cosa estaba mucho más igualada. Por un lado, la icónica patinadora japonesa Kaori Sakamoto, de 25 años de edad, anunciaba su retirada del patinaje artístico después de estos Juegos Olímpicos. Apropiadamente, patinó con un tema lacrimógeno de Andrea Bocelli y acabó su programa con una rodilla sangrando. La actuación de Adeliia Petrosian, atleta rusa, también se esperaba con anticipación. Era la única patinadora de las participantes este año capaz de hacer un salto cuádruple, un salto relativamente nuevo en la disciplina femenina, introducido por primera vez las Olimpiadas pasadas. Igual que Malinin, Petrosian se cayó en ese salto, un error que le impidió llegar al podio. El oro se lo llevó otra de las favoritas, la estadounidense Alisa Liu, que se ha hecho viral en Internet por su pelo decolorado a rayas y su piercing del frenillo que se hizo ella misma, una candidata chocante en un deporte tan tradicional como el patinaje.
A los 16 años, decidió que se retiraba del patinaje, que ya no le divertía y que estaba harta de que le dijeran qué podía comer y qué no. Pasó dos años viajando y sacándose el carnet de conducir. Un día esquiando, se dio cuenta de que echaba de menos la emoción del patinaje y decidió volver. Pero lo hizo en sus propios términos: Ella iba a elegir su propia música, su vestido, su aspecto y su dieta. Esta decisión dejó en shock a los aficionados, ya que el patinaje profesional es un deporte muy restrictivo, no es raro que un entrenador obligue a un patinador a pesarse todos los días e incluso que vivan juntos, para poder monitorear su entrenamiento y su alimentación de cerca. Nadie pensaba que Liu pudiera competir en serio después de su vuelta. Y sin embargo, se ha llevado el oro en el campeonato mundial y ahora en las Olimpiadas, demostrando que otra manera de hacer deporte es posible.
Irene

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