100 metros sala: Esculpiendo sobre adoquines
En la sala 12 de la recientemente inaugurada cuarta planta encontramos una obra que no pasa desapercibida ni para visitantes ni vigilantes: Éxtasis, Estatus, Estatua. Una instalación compuesta nada más y nada menos que por 2496 tacones de resina dispuestos en forma de rectángulo de 51 x 49, de los cuales faltan tres tacones en dos esquinas.
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| Éxtasis, Estatus, Estatua (1994), Juan Luis Moraza. Fuente: Museo Reina Sofía |
Esta creación de Juan Luis Moraza pretende hacernos reflexionar sobre ideas como el deseo o la identidad de género, mezclando diferentes tipos de tacones que van desde el estilo infantil más bajo y plano hasta el tacón de aguja mucho más fino y alto. Todos ellos con una peculiaridad: están invertidos. Un ligero cambio que supone transformar en obstáculos esos elementos que normalmente sirven para elevar a quien los lleva puestos. Un impedimento que sólo los más audaces, los verdaderos amantes del riesgo, tendrían la osadía de cruzar a riesgo de hacerse un esguince. La misma valentía —rayana en la locura— de aquellos ciclistas que mañana se enfrentan al Infierno del Norte: la París-Roubaix.
La París-Roubaix, uno de los cinco grandes Monumentos que conforman el calendario ciclista (junto a San Remo, Flandes, Lieja y Lombardía), es la clásica más complicada en la actualidad. Una carrera jalonada con casi 55 kilómetros de pavé divididos en 30 tramos. Otrora, estos tramos eran rutas comerciales del siglo XIX, que se idearon para facilitar el tránsito de los carros cargados de carbón para evitar que estos quedaran atrapados en el barro. Zonas formadas por piedras irregulares, deformadas por el uso, por las que se hace difícil transitar a pie, cuanto menos subido en una bicicleta.
Una legendaria carrera que cuenta con dos grandes favoritos para esta edición: por una parte, el doble campeón del mundo y ganador de cuatro Tour de Francia, Tadej Pogačar; y, por otro lado, el ganador de las últimas tres ediciones de la prueba —y mejor corredor de ciclocross de la historia—, Mathieu van der Poel. Un enfrentamiento que ya se vivió el año pasado y nos brindó uno de los mejores momentos de la temporada cuando, al ir el dúo liderando la prueba, el ciclista esloveno tomó una curva demasiado rápido y cayó al suelo. Debido a la estrechez de los tramos y la cantidad de vehículos que circula tras los ciclistas, el coche de asistencia tardó unos valiosos segundos en llegar. Aunque Pogačar recortó algo la desventaja tras subirse a la bicicleta, la fuerza bruta del neerlandés hizo que el esfuerzo del Rey Sol fuera en vano.
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| Vista aérea del Bosque de Arenberg, uno de los tramos más difíciles de la París- Roubaix. Fuente: Wikipedia |
Pero Tadej nunca se rinde. Él compite contra la Historia. A sus 27 años ha ganado ya cinco Grandes Vueltas, un sinfín de carreras y, por el momento, 12 Monumentos. Hace pocas semanas consiguió el penúltimo de ellos en la Milán-San Remo, La Classicissima. Una MSR que parecía imposible conquistar para un corredor de sus características, y tras haber sido en las últimas 4 ediciones dos veces 3º, 4º y 5º, se había convertido en su objetivo prioritario. Y donde tantos otros fracasaron, Pogačar logró descolgar en el Poggio a MvdP y ganar en el sprint a alguien tan notable como el británico Pidcock.
Y competir contra la Historia consiste en medirse con el palmarés del mejor de todos los tiempos: Eddy Merckx. Pogačar, tras firmar en 2024 la que se puede considerar la mejor temporada individual de un ciclista en la historia, y después de lograr en 2025 la que es susceptible de ser catalogada como la mejor temporada en carreras de un día, llega a este 2026 con la intención de conseguir ganar todos los Monumentos. ¿Es posible alcanzar a Merckx sin alzar los brazos en el velódromo André-Pétrieux? Rotundamente, sí. Sin embargo, la grandeza de Pogačar le hace querer cosechar triunfos en todas las pruebas que de verdad forman parte del imaginario ciclista. Incluida la París-Roubaix, esa prueba que tantos vueltómanos han desechado para no poner en riesgo su presencia en las Grandes Vueltas.
Si la obra de Moraza constituye un lugar que no se debe pisar, el pavé de Roubaix, en cambio, es un terreno que sólo unos pocos pueden conquistar. Tadej ya ha sido éxtasis gracias a sus ataques lejanos y ha logrado un estatus reservado a unos pocos. Para que su historia alcance a los tres elementos que propone Moraza falta la estatua: ese preciado adoquín que recibe el ganador de la París-Roubaix.
Mañana lo veremos.
Miguel González


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