En la sala 205.07 del Museo encontramos una obra que debería ser de un tamaño colosal. Nada más que 180 metros de altura y 140 metros de diámetro en su base. Lamentablemente, sólo es una maqueta que no se ha llevado a la realidad hasta ahora.

El Monumento Faro de Colón fue ideado por Casto Fernández-Shaw para un concurso convocado por la Unión Iberoamericana en 1929 que sirviese para homenajear al célebre navegante, si bien, no fue hasta 1950 cuando creó la maqueta.


Fuente: Museo Reina Sofía


Por su majestuosidad, no cabe duda de que estamos hablando de una de las obras que más nos gusta vigilar… salvo por un pequeño detalle. Una manivela. Una dichosa manivela que atrae cada día a decenas de visitantes a comprobar su funcionamiento. Aunque hay algunos que simplemente tocan por mera curiosidad, otros se emplean de forma enérgica en conseguir que se encienda una luz o se active algún mecanismo. Tal y como sucede con esa señal de “prohibido tocar” que aparece en el suelo, de nada sirve.

Al igual que la manivela, hay otro tipo de palancas que nunca deberían tocarse. Sí, amigos, esas “palancas financieras” de las que el Fútbol Club Barcelona ha hecho su razón de ser. Esa mal disfrazada generación de liquidez, consistente en vender activos e hipotecar el futuro del club para hacer que las cuentas cuadren. Esa burda estrategia que le permite cumplir con las reglas del fair play financiero.

Puede que sean los pagos que se hicieron con varios presidentes al que por esa época era el vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros —Negreira—, o aquellos traspasos a precios desorbitados que fueron un fracaso —Coutinho o Dembélé—. Podríamos hablar incluso del COVID o la guerra de Ucrania. Pero ninguna de estas excusas ocultará una gestión económica pésima.

En los últimos días, ha salido el presidente del equipo vanagloriándose de presentar unas cuentas que arrojan unas pérdidas de 17 millones… Un éxito rotundo. Además, tiene deudas a corto plazo por importe de 140 millones por los fichajes.

Al igual que el proyecto de Fernández-Shaw, la supuesta grandeza del Barcelona no se observa. Si el Monumento Faro de Colón se hubiese llevado a término, habría alcanzado 180 metros. En cambio, la maqueta ni siquiera llega al metro. Un club que afirme ser de los más importantes del mundo no puede sobrevivir a base de eufemismos financieros.

Porque al final, lo que queda es eso: Una maqueta que no se enciende y un club que no despega. Una manivela que gira desconectada de todo. Un presidente que presume de pérdidas como si fuesen logros. Y unos acólitos palmeros encargados de maquillar la realidad.

El Monumento Faro de Colón nunca se construyó, pero no tuvo intención de engañar a nadie. Era una utopía sincera, una visión que aceptaba su condición de maqueta. El Barcelona mueve sus palancas como si su futuro dependiese de ello. Y quizá dependa de ello. Pero si el futuro pasa por convertirse en esa pequeña maqueta que por momentos cobra vida —pese a nuestra labor—, más les valdría dejar de tocar. Porque cuando el único faro que se enciende es el del relato, no se alumbra el camino: oculta el naufragio.


Miguel González

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