100 metros sala: La Giralda de verbena
Cantaba Paloma San Basilio aquello de que La fiesta terminó; sin embargo, la inclasificable Maruja Mallo sabía que las fiestas nunca terminan: sólo cambian de máscara. Por eso nos regaló cinco verbenas, cinco “creaciones mágicas de medidas exactas”.
Esta serie de obras, pintadas entre 1926 y 1928, está expuesta en la primera sala de la exposición dedicada a la artista en el Museo. Muestran escenas abigarradas, de colores vivos y capaces de transmitir esa sensación de movimiento tan complicada de plasmar. En La verbena, una escena de ambiente festivo donde se entremezclan un variopinto grupo de personajes —entre los que destaca un gigante de un solo ojo—, vemos escondida entre la multitud a la propia artista.
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| La verbena (1927), Maruja Mallo. Fuente: Museo Reina Sofía |
A primera vista pueden parecer cuadros entregados a lo que los expertos han coincidido en llamar las 3J —juerga, jarana y jolgorio—, pero detrás del decorado late otra cosa: una crítica a la deshumanización que supusieron las vanguardias y una fina burla hacia quienes se creían los dueños de la fiesta.
Cinco verbenas para recordarnos que The Show Must Go On. Y si hay un lugar donde la fiesta nunca se detiene es, sin duda, Sevilla.
El problema es que el Sevilla Fútbol Club, al contrario que Maruja Mallo, no quiere reconocer que se ha convertido en una verbena perpetua. Porque si la artista lucense pintaba las verbenas con un trasfondo, el club la interpreta sin un guion definido.
Como si de una escena de West Side Story se tratase, la pista se ha dividido en dos comparsas que se miran con un odio coreografiado. Dos facciones lideradas por un padre y un hijo que hasta comparten nombre: José María Del Nido. El hijo, Del Nido Carrasco, presidente actual, y el padre, Del Nido Benavente, presidente entre 2002 y 2013 y mayor accionista, protagonizan un enfrentamiento que ya no es jurídico: es teatral. Una trama basada en un pacto de gobernabilidad que acordaron las familias propietarias y del que el padre parece “haberse olvidado”, hasta el punto de que la Justicia le ha apagado el micrófono para que no vote.
Y como en toda verbena mal organizada, el desorden institucional acaba repercutiendo en el escenario principal. Tanto es así que no les ha quedado mejor opción que contratar como director deportivo a Antonio Cordón, que no hace mucho tiempo realizó la misma labor en el rival capitalino. La economía de subsistencia en la que está el Sevilla no le permite hacer ningún fichaje de garantías y lo obliga a vender a muchos de los jugadores que destaquen.
En los últimos tiempos los medios de comunicación hablan de la posibilidad de que vendan el club y, en un giro dramático de los acontecimientos, ha surgido el nombre de un nuevo animador para la fiesta: el exjugador sevillista —y aspirante a estrella musical— Sergio Ramos.
Todo ocurre en un club que en las dos últimas décadas ha logrado hasta siete títulos de la Europa League. Siete. Y aun así, una gestión lamentable de sus mandatarios ha transformado al Sevilla en el esperpento del cortijo de Tebas.
Maruja tenía claro qué quería mostrar cuando pintaba esas verbenas. En cambio, hoy en Sevilla, entre farolillos y máscaras, nadie recuerda qué estaban celebrando.
Miguel González

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