La sala y yo: Palpitación azul
Año de Nuestro Señor de 2022, 24 de junio.
Hoy me toca vigilar en la planta 4, en una sala con varios cuadros de Miró, otras obras diversas y una pintura de un tal Santiago Lagunas.
Una chica joven entra en la sala y me pregunta:
Mucha gente viene al museo por Picasso, Dalí y Miró. Pero también hay otros artistas, como Santiago Lagunas, al que, por cierto, le debían conocer solo en su casa y a la hora de cenar…
Una obra suya, expuesta en esta sala, es Palpitación azul. Descubrí este cuadro el año pasado y me burlé de él porque es feo y está lleno de pelos de pincel pegados en la pintura.
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| Fuente: Museo Reina Sofía |
Una mujer mayor, de unos 70 años, alta, interesante, se coloca frente al cuadro y empieza a observarlo.
«Vaya —pienso—, es la única persona que se ha parado a mirar el cuadro hoy (y, probablemente, desde que se exhibe en el museo). Pero no creo que esté mucho tiempo».
Sin embargo, la mujer siguió delante del cuadro admirándolo durante más de cinco minutos. Tuve la tentación de acercarme y preguntarle por qué le interesaba tanto. Justo en ese momento, sacó un cuadernillo y, mirando al cuadro, empezó a escribir.
No quise interrumpirla y esperé. Ni siquiera hizo una foto. Solo miraba y escribía. Pasados unos minutos, se dio la vuelta. Entonces, me acerqué a ella y le dije:
—Hola. La he estado observando y me pregunto por qué ha pasado tanto tiempo mirando el cuadro y luego se ha puesto a escribir en esa libreta.
La mujer me miró y sonrió:
Este suceso fue toda una EPIFANÍA, la manifestación de un mensaje oculto en el cuadro. Algo que yo ya había pensado otras veces, pero que ahora se revelaba de una forma casi mágica: todo en este mundo, personas, cosas, ideas…, TODO TIENE SU PÚBLICO.
Existen muchas obras de arte. Existen muchas personas. Pero, cuando alguien mira una de ellas con el corazón, esa obra, o esa persona, se convierte en única y su existencia adquiere sentido e importancia por sí misma. Es como la metáfora del principito y su rosa: una rosa que es única para él porque él la ama y ella le necesita, a pesar de que descubre que en la tierra hay miles de rosas similares.
Y es así como un cuadro feo y peludo como Palpitación azul adquiere sentido e importancia gracias a una persona que sabe admirarlo y hasta le compone un poema (Santiago Lagunas se sentirá contento y orgulloso allá donde esté).
Y todos los Mirós, los Picassos y los Dalís del museo, incluidos el Guernica y El gran masturbador, se mueren de envidia: a ellos nadie los ha contemplado con sentimiento ni les ha escrito un poema; tan solo se han limitado a hacerles alguna foto robada…
Asistí a un momento especial, en el que alguien se pone delante de una obra, o de una persona, y, mirándola con el corazón, le dice con los ojos: «Para mí, aquí y ahora, solo existes tú. Solo tú haces palpitar mi corazón».
Óscar Muñoz

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