El título de este nuevo post bien podría ser el título de una canción de Mariah Carey o el de una de esas películas que ponen todos los años al mediodía en Navidad, así que cogemos la mantita, nos acomodamos en el sofá y vamos a por esa peli…

Ya voy sintiendo que me están encajando todas las piezas de este maravilloso puzzle que es el Prado y cada día disfruto más. Como buen pianista ya sé qué tecla tengo que tocar en cada momento y me siento cada día más cómodo. A este sentimiento están ayudando mucho los fijos discontinuos o “fidis”, acrónimo con el que se les empieza a conocer.

Este mes de diciembre podríamos decir que ellos son unos de los protagonistas.

La de fijo discontinuo es una modalidad de contrato que ha sido la novedad en esta última convocatoria y a la que han accedido todos aquellos compañeros que sacaron nota justo por debajo de los puestos de contratos fijos.

Todos han empezado el día 1 de diciembre su nueva andadura por el museo y para mí ha sido como asistir a una fiesta de viejos alumnos de la universidad, ya que conozco a la mayoría y con algunos de ellos he pasado grandes momentos en el Prado.

“Hoy puede ser un gran día”, canta Serrat, y de hecho lo va a ser… en el mismo sitio y a la misma hora se va a producir ese reencuentro, y en el hall de Jerónimos nos iremos juntando antes de ir cada uno a su sala.

Su llegada ha sido como mi particular cuento de Cenicienta. Pero, como sucede en el cuento, la carroza se transformará en calabaza en febrero, que es cuando terminan sus contratos. Así que hasta entonces solo nos queda disfrutar y pasárnoslo lo mejor posible.

Y ahora que ya estamos todos podemos empezar a disfrutar de la Navidad en el Prado como es debido...

Hay dos acontecimientos que yo espero con entusiasmo en estas fechas, y no me refiero a la paga extra, que también, es algo más nimio, pero que a mí me encanta.

El primero es recoger la “cesta de Navidad” que nos da el museo. Yo lo denomino así, pero realmente no es una cesta, si no una bolsa de la tienda del museo con diferentes artículos de los que se venden en ella. Este año incluye tote bag, calendario, agenda… y yo no sé si a todos los que trabajamos aquí les hace la misma ilusión que a mí, pero lo que sí es seguro es que todos la recogemos y nadie se quiere quedar sin ella.

El otro gran acontecimiento con mayúsculas es la copa de Navidad que nos ofrece el Prado.


Fuente: Foto del autor


Por lo primero que a mí me gusta es por el lugar donde nos dan la copa, el Claustro de los Jerónimos, el cual resulta un marco incomparable. También me gusta la distribución de mesas altas con camareros que entran y salen con sus bandejas y un par de barras donde puedes coger las bebidas. Me parece el formato perfecto para este tipo de celebraciones, mucho mejor que el típico de grandes mesas alargadas y todos sentados, donde solo hablas con las tres o cuatro personas que tienes a tu lado… de esta manera puedes ir de corrillo en corrillo y hablar con mucha más gente.

Pero lo mejor de esa noche y, sobre todo, lo más esperado es el karaoke. Porque sí, después de los breves discursos institucionales, en una esquina del claustro hay montado un pequeño escenario con un Karaoke. Ni que decir tiene que es el momentazo de la noche, porque ahí participa todo el personal del museo.  Lo hacen individualmente, por dúos, por departamentos o por todos los que se puedan subir al escenario a la vez. Y, como suele pasar en los karaokes, siempre hay gente que tiene más o menos vergüenza y a poca vergüenza siempre los que solemos ganar somos los vigilantes. 

Y así, entre los villancicos y los temas clásicos del karaoke damos nuestro particular pistoletazo de salida a la Navidad.


El discípulo de Thot

0 Comentarios