Miau: Madrid se viste de Navidad
¿Has visitado el mercado de Navidad de la Plaza Mayor de Madrid? ¿Sigues soñando con que te toque el premio Gordo de Navidad? ¿Te sientes más propenso en estas fechas a involucrarte en causas benéficas? A pesar de la globalización y la introducción de nuevas costumbres, los aspectos y tradiciones más representativos de la Navidad actual, podemos rastrearlos en el Madrid de la Restauración. Estoy pensando, sobre todo, en el fervor que suscita la Lotería Nacional de Navidad, con sus múltiples muestras de expectación y entusiasmo, la atracción que ejercen los atestados mercadillos navideños, o el incremento de los espacios destinados a acciones de caridad y filantropía. Hagamos, queridos lectores, un repaso a través de una galería de imágenes, para a continuación, describir una original propuesta del Ayuntamiento madrileño a principios del siglo XX.
| Redactores y corresponsales anotando los premios que les comunicaban por teléfono desde La Casa de la Moneda |
| Administración Lotería c/ Serrano 18, celebrando la venta del segundo premio del sorteo de 1913 |
| Administración de Lotería en la Puerta del Sol, establecimiento que vendió los billetes agraciados con el primer y cuarto premio del sorteo de 1913 |
| Administración c/ Barquillo que repartió en 1916 los 6 millones del premio gordo. |
| Acorazado «Alfonso XIII» a cuya oficialidad y marinería correspondió el premio gordo del sorteo de Navidad de 1915 |
| Niños del Colegio San Ildefonso que tomaron parte del sorteo de 1915. Hasta 1984 no encontraremos niñas cantando La Lotería |
| Artistas del Teatro Novedades favorecidos con el tercer premio del sorteo |
| Puesto de turrones en la Plaza Mayor |
| Tambores y panderetas |
| Puesto de figuritas de barro |
| Tenderete de zambombas y casitas de cartón |
| Puesto de nacimientos y de pavo |
Como signifiqué anteriormente, no quisiera desaprovechar este artículo sin mencionar la iniciativa del consistorio madrileño, encabezado por Alberto Aguilera, de instalar en 1901, las conocidas como “estufas populares” con objeto de mitigar el frío a los más necesitados durante la Navidad de 1901. La resolución, que había sido ya introducida en otros países, fue acogida con agrado por los ciudadanos: “Es una idea generosa y humanitaria el colocar estufas populares en este horrible invierno (…) Al menos, en estas noches horribles, en que desciende sobre Madrid un hielo de muerte, en torno a estas estufas se agrupará una legión de niños pobres, descalzos y privados de todo amor” Heraldo de Madrid.
No faltaron quienes se burlaron de la idea por considerarla grotesca o insuficiente: “El espectáculo que ofrece cada uno de estos hornillos es encantador. Los golfos forman un círculo y charlan animadamente de todo, incluso de política, discutiendo con los guardias como si éstos fuesen la Comisión de Presupuestos o cosa parecida. Lo malo es que el número de estufas no guarda proporción con el de golfos madrileños; creo que en total hay 8 hornillos y cada uno de ellos puede templar a 2 ó 3 docenas de aquellos pero ¿Qué es eso para la “gruesas” de golfos que hay por ahí?” Madrid Cómico.
Los artefactos, que habían sido cedidos por la Compañía del Gas, consistían en un brasero de hierro con forma de cesta, que se apoyaba en el suelo a través de 3 patas. A la hora convenida se presentaba un guardia y un operario municipal encargado del transporte del artilugio y del carbón necesario. Una vez que este último proporcionaba el fuego se marchaba, y el guardia se encargaba de aplicar el orden en el emplazamiento, dado que no eran raros los enfrentamientos y broncas por lograr una buena colocación.
Según las crónicas, se dispusieron en 8 puntos de la capital: Plaza Puerta de Moros, zona del Rastro, Lavapiés, Plaza de Antón Martín, Calle Arlabán, Plaza de Alonso Martínez, Glorieta de Bilbao y Plaza de Herradores. Los horarios de encendido de las estufas era el siguiente: por la mañana de 6 a 9 y por la noche de 8 a 1 de la madrugada. Sobre esta última cuestión, se manifestaba un articulista de El País:
El señor Aguilera merece por su iniciativa nuestro más sincero aplauso, pero le suplicamos en nombre de esos pobres a quienes quiere favorecer, disponga que la duración de las estufas sea sin interrupción de 9 de la noche a 6 de la mañana. De 8 a 1 de la noche los teatros, tabernas o cafés están abiertos. Es la hora de venta de los periódicos de la noche, llegan además varios trenes y los pobres que viven de pedir limosna, de vender periódicos, de subir bultos de la estación no tienen tiempo para acudir a las tertulias de las estufas, porque otra necesidad más apremiante, la de ganar algunas perras para la cena y el almuerzo, requieren su atención. De 1 a 6 de la mañana los quicios de las puertas, las rinconadas de las calles, las encrucijadas, los soportales ofrecen el aspecto de inmensos viveros de carne humana en que, hacinados, dormitan los pobres golfos, los pobres desheredados que al retirarse de la estufa, sienten como es natural el brusco cambio de la temperatura, buscando instintivamente el remedio de librarse de una pulmonía
A la prensa le parecía fascinante todo lo que acaecía en estos lugares, semejantes se decía en cuanto a animación y discusión, a los cafés de tertulia. Veamos las conclusiones de un reportero del Heraldo de Madrid, tras conversar con algunos de estos “usuarios” de las estufas:
Algo nos quitamos de frío, pero no crea usted que es mucho, porque nos pasa una cosa a los que venimos a la calle Herradores. Como el hornillo lo colocan en medio de la calle, mientras nos calentamos por delante nos quedamos como una piedra por detrás, de manera que tenemos que estar dando vueltas sin parar un minuto, para que el fuego nos favorezca en todo el cuerpo.
Lo que indigna a los golfos es la determinación de que no pueden estar al fuego más de 15 minutos. Esta medida se debe a que son muchos los que quieren calentarse, y todos desean ocupar lugar preferente, o sea la primera fila. Y hay que verles cuando el guardia y el tío del carbón dicen: ¡Vaya otra ronda! y ya han pasado los 15 minutos. Por miedo a un sablazo o a un pescozón se separan entonces un poco, para arrimarse disimuladamente en cuanto los guardianes se descuidan, motivo por el cual hay a cada momento peleas y griterío.
En apenas 2 décadas se fue abandonando este bienintencionado proyecto que había sido aplicado de forma discontinua por los diferentes alcaldes que ocuparon la alcaldía de Madrid, en el primer cuarto del siglo XX.
¡FELIZ NAVIDAD!
Fuentes:
Mundo Gráfico 31 de diciembre de 1913
Mundo Gráfico 29 de diciembre de 1915
Mundo gráfico 27 de diciembre de 1916
Mundo Gráfico 26 de diciembre de 1917
Heraldo de Madrid 29 y 27 de diciembre de 1901
El País 25 y 30 de diciembre de 1901
Madrid Cómico 28 de diciembre de 1901
La Correspondencia Militar 30 de diciembre de 1901
Nuevo Mundo 15 de enero de 1901
Sertorio
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