Conociéndonos: Entrevista a Julián
| Simulación de Julián yendo al tren. Fuente: Inteligencia Artificial |
Este compañero y sufrido pasajero de Renfe, sabe muy bien y por propia experiencia, que un pequeño desajuste en los tiempos puede convertir su regreso a Valladolid en una odisea digna de ser relatada por Homero. Por lo tanto, cuando os lo volváis a cruzar a la salida, por favor, ni una sola interrupción a su carrera, solo permitiremos palabras de aliento y vítores de ánimo como si de un gran deportista se tratara. Queremos que llegue a casa a su hora para que tenga tiempo de descansar y así, al día siguiente vuelva con la alegría que le caracteriza y podamos seguir compartiendo con él una nueva y animosa jornada laboral.
Buenos días, Julián, ¿cómo llevas tu enfrentamiento diario con los horarios de Renfe y de los autobuses? Lo tuyo es un desafío diario con el tiempo, ¡una carrera contrarreloj!
Buenos días, ante todo agradeceros a ti y a la Gaceta Mayakovski esta entrevista. Es una manera de conocernos más y mejor.
Bueno, como bien dices mi relación con la Renfe y los horarios es complicada, un delirio, porque si digo que ya es “legendaria”, comparándome con la paradoja de Aquiles y la tortuga, me dirán que me he “pasao”, pero es una verdadera lucha contra Cronos. Te sientes que eres como un corcho en el mar, vas de un lado a otro vapuleado por las olas y las corrientes, en este caso del tiempo. Esas alocadas carreras que me veis hacer todos los días, esquivando a todo el mundo, con riesgo de llevarme cualquier día a alguien por delante, son solo el reflejo del deseo de volver a casa. Más que un reto es un “no me da la gana.”
Un día que coincidí contigo en sala me estuviste contando que tu llegada al mundo de los vigilantes de museo fue pura casualidad. ¿Te importaría volver a recordarlo?
Pues tienes razón, porque llegué al mundillo de los museos por casualidad. Mi intención era tomar el camino de las bibliotecas públicas, de hecho, trabajé en las bibliotecas universitarias antes de empezar aquí, en el Reina. En realidad, empecé a interesarme en 2013 cuando en la oficina de desempleo de Valladolid, una funcionaria me recomendó que me apuntara como Vigilante de Sala de Museos, porque, siendo de letras (además, los de letras tampoco tenemos muchas opciones, la verdad), tenía posibilidades de ser llamado. Y efectivamente, un día me llamaron del museo para realizar una selección. Estaba desempleado, en plena crisis económica, la llamada crisis de las hipotecas subprime que pulverizó la economía casi al completo. Tuve suerte, pasé el corte y entré. Para mí fue, aunque suene exagerado, como una suerte de epifanía y ya no pude desengancharme. Fui acumulando contratos temporales, como todos o casi todos de los que estamos aquí. No sé, tenía que entrar, y aunque como ya dije antes estuve en bibliotecas (y alternativamente en otros empleos), finalmente lo conseguí.
Qué bien, Julián, porque es un gusto trabajar contigo. ¿Qué es una chancillería? Perdona mi ignorancia, pero te escuché un día esa palabra y me encantaría que nos la explicaras. A mí me suena a cancillería, a algo de asuntos exteriores. Creo que estuviste un tiempo trabajando en una.
Una Chancillería era un tribunal. Su nombre tan curioso procede de chanciller, que era el encargado de sellar los documentos reales en la corte de Castilla. Para entender su significado en parámetros actuales, sería algo así como la Audiencia Nacional. La Chancillería de Valladolid tiene sus orígenes en el reinado de Alfonso X el Sabio, pero no es hasta el reinado de Enrique II, el primer Trastámara, el que empieza a darle algunas atribuciones judiciales (Cortes de Toro de 1371), creando para ello la Real Audiencia. Su hijo Juan I, en las Cortes de Valladolid de 1385, crea un tribunal superior de Castilla, el Consejo Real de Castilla. Con los sucesivos reinados de Enrique III “el Doliente” y Juan II tanto la Audiencia como el Consejo Real de Castilla sufren un proceso ósmosis dando lugar a la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. En 1442 se asienta en Valladolid, porque hasta ese momento tenía un carácter algo itinerante. Pero serán los Reyes Católicos en las Cortes de Toledo de 1480 y en el Ordenamiento de Medina del Campo de 1489, quienes la den su definitiva carta de naturaleza. A partir de ese momento la Chancillería ya nunca más saldrá de Valladolid. Su jurisdicción abarcará todo el Reino de Castilla, hasta que en 1494 la Reina Isabel decide crear otra nueva Chancillería. Asentada en un principio en Ciudad Real, se trasladará en 1505 a Granada dando lugar a la Real Chancillería de Granada, la cual se ocupaba de todos los asuntos judiciales de envergadura al sur del Tajo, mientras que la de Valladolid hacía lo propio, pero al norte. Ambas Chancillerías dejaron de funcionar con el definitivo establecimiento del estado liberal en España a la muerte de Fernando VII.
Hoy día, es un Archivo Nacional en el que tuve la oportunidad de trabajar como becario en dos ocasiones, la primera catalogando antiguos pergaminos de los siglos XIV, XV, XVI XVII y XVIII, y la segunda, investigando para la Asociación para la Memoria Histórica.
Vaya repaso que nos has hecho en un momento, se nota que vienes de la rama de historia por lo fácil que te resulta hilvanar tantos datos. Cambiando de tercio, me encantaría hablar de tu afición al senderismo, que con todos los kilómetros que nos hacemos en el museo diariamente, bien estaría que nos introdujeras en ese mundillo. Cuéntanos como te aficionaste y de paso alguna recomendación para iniciarnos
Me inicié hacia el 2014 cuando un conocido me sugirió que me animara a hacer senderismo. Él lo hacía desde hacía un tiempo y aunque sabia de esa actividad deportiva nunca le presté mucha atención, hasta que me animé. Hice una primera ruta con un grupo de senderismo de un pueblo de Valladolid, Tudela de Duero, pero fue muy floja; un paseo por el Bosque de las Hadas, situado por la Sierra de Francia, en Salamanca. Luego me apunté a otro grupo de la capital y la cosa cambió. Aquí, sí que eran exigentes. Casi siempre era subir picos, hacer cordales o crestear. Montaña palentina, leonesa… Sierra de Gredos, Picos de Europa, Urbión… recorríamos las áreas más montuosas y apeñuscadas de Castilla y León, Asturias, Cantabria… y, como ya dije anteriormente, casi siempre eran picos. Picos que seguro que no le sonarán a casi nadie en el museo: el Susarón o el Gilbo (con su llamativa forma de colmillo), ambos en Riaño y junto al famoso embalse; el Murcia (Montaña Palentina), vecino del Espigüete y del Curavacas y situados los tres en el Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente el Cobre, parque muy apreciado por los montañeros por los espectaculares picos que allí se elevan; el Mahón, en la Sierra del Caballo, justo en la Montaña Central leonesa y desde donde se pueden observar excelentes vistas de la Cordillera Cantábrica y de los Picos de Europa. Son solo algunos ejemplos. Tampoco dejábamos de lado otros espacios naturales por recorrer. Recuerdo los Valles del Curueño (Montaña Leonesa Central), las Hoces de Vegacervera, al norte de León; la Laguna de la Maliciosa, al noroeste de Madrid, en el Sistema Central; las Agujas de Cardaño, vecinas del Pico Curavacas, y que se elevan también en el Parque Natural de Fuentes Carrionas y Fuente el Cobre, fuentes -en realidad son unas lagunas- desde las que las que nace el río Carrión… Son tantos lugares que no los voy a nombrar todos, desde luego.
Me preguntas por alguna recomendación para iniciarse en este mundillo. Cerca de Madrid o en Madrid mismo abundan las rutas. Aunque muy conocida, no es ocioso mencionar las rutas de la Bola del Mundo o el Camino Schmidt, con seguridad ya transitadas por algunos compañeros del museo. Muy recomendable es la Ruta del Anillo del Dragón por Siete Picos desde Navacerrada, en plena Sierra de Guadarrama. Cerca de la Granja, recorriendo las montañas de Valsaín, está la ruta de las Pesquerías Reales; también por Segovia, la ruta de los Pueblos Rojos y Negros, un pintoresco recorrido por la Sierra de Ayllón, en el Sistema Central. Por ella se camina entre pequeños pueblos cuyas casas están construidas con lajas y cantos negros o rojos. Y ya en Castilla y León, lógicamente lo que más conozco, pues te encuentras con la sencilla Senda de la Tejada de Tosande, con tejos de varios siglos de antigüedad; la ruta de la Fuente el Cobre, lugar de nacimiento del río Pisuerga, o la senda de la Cascada de Mazobre, un bonito salto de agua lindante con el Pico Espigüete. Rutas todas situadas en la provincia de Palencia. Pero, el mejor consejo que puedo dar es estar en buena forma y, sobre todo, que te guste de verdad.
| Fotografía de Julián en pleno ascenso al pico Espigüete. Fuente: El propio Julián |
Madre mía, ¡¡vaya currículum de senderista experimentado!! Habrá que empezar a subir las escaleras del museo de dos en dos, a ver si se nos pega algo de tu buena forma física. ¿Alguna preferencia a la hora de elegir tus rutas?
La verdad es que me no tengo preferencia o prejuicio alguno. La Naturaleza en sí es lo único que me gusta. No me importa subir picos, altozanos, oteros, collados, o recorrer hayedos, robledales, pinares o tejadas; caminar por trochas o senderos, o subir por chimeneas (angostos pasadizos o grietas de montaña). ¡¡Qué más da!! Lo importante es caminar por la Naturaleza, oler sus aromas y sentir el aire fresco en la cara, incluida la lluvia, o la nieve bajo tus botas.
Tienes razón, me dan ganas salir ahora mismo corriendo de aquí y perderme en alguna de tus rutas ¿Recuerdas alguna excursión difícil en la que encontraras algún tramo de especial dificultad? ¿o alguna anécdota reseñable?
No una, sino dos. Recuerdo como MUY complicadas, la subida a dos de los picos más altos de Castilla y León, situados en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica: los ya mentados Espigüete (2.450 m) y Curavacas (2.524 m). Fueron ascensos difíciles, sobre todo el Curavacas. Lo ascendí por la llamada ruta oblicua (lo habitual es subir y bajar por el llamado Callejo Grande, una larga pedrera que forma una pista ascendente), muy complicada debido a su inclinación; un paso en falso y entonces irás a reunirte con el Rey de la Montaña. Pero vale la pena ascender al Curavacas. Su color verdoso provocado por su composición de roca oscura y líquenes adheridos, te ofrecen un escenario casi mitológico con sus Fuentes Carrionas, las lagunas desde las que nace el río Carrión. Sin embargo, el Espigüete es mucho más esforzado de subir. Podemos ir en coche hasta la localidad de Cardaño de Arriba y en el Municipio de Velilla del Río Carrión encontramos un estacionamiento de vehículos para los valientes dispuestos a subir semejante mole. Es en este momento donde puedo contarte un par de anécdotas reseñables. La primera, que su cumbre está llena de placas, unas homenajean a grupos de montañeros; otras, sin embargo, recuerdan a montañeros que se dejaron la vida en el Espigüete. Creo que es el pico que más montañeros se ha cobrado en Castilla y León. Y la segunda anécdota es que desde su cumbre se puede vislumbrar la suave línea azul del Mar Cantábrico.
Qué espectáculo llegar a ver el mar desde allí, aunque seguro que tendrá que acompañar el día. ¿Y alguna vez has querido practicar escalada, bicicross o algún otro deporte relacionado con la naturaleza?
No, con el senderismo y el montañismo es suficiente. La escalada ya es excesiva para mí. Requiere mucho fondo físico, tiempo y equipo especializado.
¿Qué estación del año es la que más te gusta para tus escapadas?
El otoño es mi estación preferida. Caminar por senderos de hojas secas, a veces hasta las rodillas, disfrutar de los colores marrones, naranjas, ocres y amarillentos de los bosques o bosquecillos, oír el sonido de los pequeños arroyos provocados por las lluvias o el deshielo de las nevadas tempranas… Sí, es mi estación favorita para hacer rutas.
Te escucho, y otra vez dan ganas de ¡salir corriendo!. Supongo que por comodidad personal te gustaría trabajar en Valladolid, pero ¿qué te aporta actualmente este museo dónde estamos?
Aparte de mantenerme en forma gracias a mis épicas carreras, el conocer a nuevas personas aquí, en Madrid, en el museo. Personas que te sorprenden por su manera divertida de ver la vida. Tal vez sea el cosmopolitismo madrileño. No sé. Valladolid es una ciudad pequeña. No voy a decir que nos conocemos todos porque no sería verdad; es lo suficientemente grande como para pasar desapercibido, pero lo suficientemente pequeña para intuirnos los unos a los otros. Madrid, tan cercana a Valladolid, es como el planeta del Principito, con su vida propia, singular y en el que parece que el resto orbitamos alrededor suyo como si fuera una estrella.
Sí, tienes razón, es como si Madrid nos engullera a todos. Por cierto, recientemente viviste en la sala primera de Maruja Mallo un suceso con una vitrina que ha sido muy nombrado entre nosotros. Reaccionasteis con calma, tanto tú como tu compañera de sala. ¿Alguna recomendación que pudieras darnos por si nos viéramos envueltos en un caso similar?
Bueno, no fue ninguna operación de alto riesgo y, como bien matizas en la pregunta, no estaba solo. Tenía cerca dos compañeras fuera de serie que se aprestaron a resolver toda esa “espectacular operación de alto nivel”, Azucena y María. Yo solo me limité a llamar al “Víctor” porque tenía el walkie talkie sujeto en la cintura. Lo único que hice fue tomar aire y hacer la llamada, el resto vino solo. La jefa de planta acudió rápidamente, luego la portera mayor, los conservadores, otros jefes de planta, el de seguridad… El caso es que todo fue bien porque hubo colaboración entre todos los que estábamos en primera línea, en sala. Se recolocó la vitrina y, afortunadamente, no hubo perjudicados dignos de reseñar como tales. El único consejo que puedo dar a tu pregunta es mantener la calma y confiar en tus compañeros/as.
Antes de acabar tienes que recomendar a los lectores de la gaceta alguna ruta facilita y sobre todo poco transitada. A veces, es tan numeroso el público que nos visita que se agradecen los caminos y espacios naturales solitarios.
Efectivamente, a veces quieres recorrer espacios naturales libres, vastos y lejanos. En ese mundo del que hablo convive con vida propia, un mundo rústico humanizado y sus rebaños cimarrones de caballos y vacas, con otra vida, esa que nace de la Naturaleza, de entre las montañas, bosques y bosquecillos y que te observa en la lejanía o a hurtadillas; me refiero a los pequeños rebaños de corzos, a los huidizos rebecos. A veces puedes llegar ver a algún desconfiado zorro. Osos y lobos tienen demasiada personalidad como para acercarse a los humanos, y es mejor que no lo hagan, por el bien de los humanos, claro.
¿Qué ruta recomendaros que no esté demasiado transitada? Pues la mencionada ruta de las Pesquerías Reales, saliendo desde la Granja (aunque puede tener otros puntos de partida), recorriendo los Montes de Valsaín. Es una ruta entre miradores y pinares atravesada por el río Eresma. La ruta puede ser circular o lineal. Recomiendo rutas circulares porque te permiten volver al punto de partida. Una ruta algo más agreste sería la de Cabeza Líjar y el Pico Cueva Valiente, entre Segovia y Madrid, por el Sistema Central y la Sierra de Guadarrama, saliendo desde San Rafael (también puede convertirse en una ruta circular). Ahora bien, lo más importante de todo es ir con personas que conozcan la ruta, aunque esté señalizada en paneles o se disponga del itinerario en un dispositivo móvil. La montaña y el senderismo te pueden proporcionar muchas emociones, incluso existenciales, pero también la montaña es traicionera y puedes sufrir consecuencias a veces irremediables. Por eso es imprescindible saber a dónde se va, si estamos listos para responder al esfuerzo exigido y estar acompañados de personas que conozcan el recorrido y tengan en cuanta cualquier posible incidencia. Yo voy regularmente con un club senderista, aunque en alguna ocasión he ido por mi cuenta, pero siempre con precaución, estudiando previamente el terreno en mapas y recurriendo a las redes sociales donde hay una ingente información sobre rutas de toda clase y condición y que te dan claves para seguirlas sin demasiadas dificultades.
Muchas gracias, Julián, por compartir este rato con nosotros. Deseamos que consigas pronto un destino más cercano a tu ciudad, Valladolid, pero te echaremos muchísimo de menos porque a pesar del poco tiempo que llevamos juntos en este museo, te has ganado el corazón de todos los compañeros. Es muy agradable compartir el trabajo contigo y no estaría de más que algún día pudiéramos acompañarte a una de tus excursiones, así que te invitamos a que prepares una ruta que seguro que más de uno estará encantado de acompañarte. Mucha suerte y te dejamos que elijas a algún compañero para seguir ampliando la sección de entrevistas.
Mj
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