Hay personas que no necesitan demasiadas presentaciones. Alegre, simpática, divertida… e italiana. Sólo con esos adjetivos, todos sabemos perfectamente de quién hablamos. Hoy charlamos con Mirianna Auriemma para conocer un poco mejor a la compañera que siempre tiene una sonrisa preparada, mil historias que contar, un entusiasmo que la desborda y una manera muy especial de conectar con la gente.

Y sí, la conversación fue exactamente como ella: cercana, divertida y llena de anécdotas. Nos sentamos con calma y empezamos a tirar del hilo de su historia…

Italiana, sí, pero… ¿de dónde vienes exactamente?

Vengo de Scisciano, un pueblo pequeño de la provincia de Nápoles.

¿Y cómo lo describirías?

Es un pueblo tranquilo, pequeño y bastante tradicional. Allí todo el mundo se conoce y la mentalidad sigue siendo bastante cerrada en algunos aspectos.

¿Siempre tuviste claro que querías salir de Italia?

Sí, totalmente. Siempre había querido vivir fuera. Madrid, además, llevaba muchos años en mi cabeza porque mi hermana vive aquí desde hace tiempo y yo venía mucho a visitarla. Me encantaba la ciudad y siempre pensaba: “Algún día acabaré aquí”.

Pero antes de Madrid viviste unas cuantas aventuras…

Bastantes (risas). Tras terminar la carrera me fui a Barcelona. Había estudiado Filología Hispánica, Inglesa e Italiana, una mezcla bastante intensa de idiomas y literatura. Allí hice un máster en gestión cultural porque quería algo más práctico y orientado al trabajo.

Y ahí apareció Egipto.

Sí. Durante el máster surgieron unas prácticas del Instituto Cervantes en varios países y envié solicitudes por probar suerte. Un día mis compañeras me dijeron: “Miri, te vas a El Cairo”. Yo ni siquiera había visto el correo todavía.

Tu madre debió quedarse en shock.

Muchísimo. Barcelona ya le había costado, pero Egipto era otra cosa. Sin embargo, me dijo una frase que nunca olvidaré: “Ese tren quizá no vuelva a pasar en tu vida”.

¿Cómo fue vivir allí?

La experiencia más dura y más importante, hasta ahora, de mi vida. Aprendí a adaptarme, a perder el miedo y a desenvolverme sola en un entorno completamente diferente. También entendí que cuando eres extranjera eres tú quien tiene que amoldarse a la cultura del lugar.

¿Te cambió mucho?

Muchísimo. Te hace abrir la mente y darte cuenta de que el mundo no gira alrededor de Europa. También aprendí a confiar más en mí misma.

Y después de una experiencia así, supongo que volver a España también tendría lo suyo, ¿no? ¿Cómo acabaste en Madrid y en el Reina Sofía?

La llegada fue bastante caótica (risas). Vine sin trabajo fijo y me quedé una temporada en casa de mi hermana mientras buscaba algo.

¿Cuál fue tu primer trabajo aquí?

Como comercial para el mercado italiano en Alcobendas. Nada que ver con lo mío, pero necesitaba empezar y poder pagarme un alojamiento.

Y ahora estás en el Reina Sofía, pero antes pasaste por Patrimonio Nacional…

Por casualidad total. Un día fui al Palacio Real y vi a unos turistas italianos intentando comunicarse con un vigilante de las Colecciones Reales. Les ayudé a traducir y, al terminar, el vigilante me preguntó si quería trabajar allí.

Sitio y momento correctos.

Sí, siempre digo que la suerte hay que salir a buscarla.

¿Y cómo llegas al Reina?

Otra historia surrealista. Me fui un fin de semana a Sevilla porque necesitaba desconectar y una gitana me leyó la mano. Me dijo que veía “papeles laborales importantes”. Al día siguiente, ya en Madrid, y por mediación de mi coordinador, me llamaron para ofrecerme el puesto que ocupo actualmente. Al principio no me lo podía creer: el Reina Sofía siempre había sido mi museo favorito.

Entre casualidades y señales acabaste encontrando tu sitio, ¿no? Y una vez dentro del museo, ¿qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?

Compartir. Me gusta sentir que la gente se lleva algo después de una visita. Me gusta crear una conversación.

De hecho se dice que no son visitas guiadas, son comentadas.

Claro. Yo no quiero ser “la guía que lo sabe todo”. Me gusta que el público participe, pregunte y se sienta cómodo. Al final todos aprendemos de todos.

¿Alguna vez has tenido grupos difíciles?

Sí, claro. Una vez una guía me reprochó que no hubiera estudiado Historia del Arte y me hizo sentir bastante pequeña en ese momento.

¿Y cómo lo llevaste?

Mis compañeros me ayudaron a relativizarlo. Al final entendí que muchas veces esas actitudes hablan más de las inseguridades de la otra persona que de ti.

Elige una obra del museo.

Un mundo, de Ángeles Santos.

¿Por qué esa?

Porque me parece increíble. Además, conecta muchísimo con la literatura, que siempre ha sido una parte muy importante de mi vida.




ITALIA VS. ESPAÑA

Italiana viviendo en España. No quería hacerlo, pero… te tengo que hacer preguntas de Derby. ¿Qué echas más de menos de Italia?

Mi idioma. A veces siento que lo estoy perdiendo un poco y eso me da pena.

¿Y algo que todavía no entiendas de España?

Los horarios de las comidas. Aquí se cena tardísimo. Nunca conseguiré acostumbrarme del todo.

Define a los españoles con tres palabras.

Acogedores, alegres… y un poco tacaños (risas).

¿Y a los italianos?

Presumidos, alegres y muy familiares, sobre todo los del sur. (Aquí nuestra querida italiana barrió sutilmente para su patria).

¿Qué plato italiano defenderías siempre?

El pesto auténtico. El de verdad, no el de bote. Y como buena napolitana, la pizza, obviamente.

¿Y cuál es tu plato español favorito?

La tortilla de patata. Me pierde completamente.


Antes de terminar, queremos saber cómo eres en tu día a día.

¿Qué haces cuando no estás trabajando?

Dormir (risas). Y escribir. Sobre todo poesía. (Le animé a escribir algo en la Gaceta, pero parece que no fui suficientemente persuasiva).

Dinos algo que nos sorprendería saber de ti.

Que soy bastante romántica.

¿Romántica nivel empalagoso?

No, no tanto. Pero sí romántica.

¿Algún sueño pendiente?

No me gusta decirlos porque dan mala suerte, pero sí me gustaría tener algo propio.

Y hasta aquí la entrevista. ¿Te ha gustado? ¿Has estado cómoda?

Muchísimo. Tan cómoda que se me ha hecho cortísima.


La entrevista se prolongó más de lo previsto. Hablar con Mirianna es fácil; dejar de hacerlo, bastante más complicado. Su vida está llena de experiencias, cambios de rumbo y aventuras que darían para varias conversaciones más, aunque alguna de esas historias quedará para nosotras. 

Esta italiana “muy italiana y mucho italiana” confiesa su admiración incondicional por Sophia Loren “porque es la reina absoluta” y asegura que las canciones de Franco Battiato serían la banda sonora perfecta para acompañar sus visitas. Entre sus películas favoritas figuran Ocho y medio de Fellini y Fue la mano de Dios de Sorrentino. En su biblioteca ideal nunca faltarían Las ciudades invisibles de Italo Calvino, Una habitación propia de Virginia Woolf y La voz a ti debida de Pedro Salinas, entre otros títulos. Si hubiera seguido otro camino, le habría gustado ser actriz. Su personaje histórico favorito es Isabel I de Inglaterra y, para divertirse, elige cualquier lugar donde haya mar, naturaleza y bonitos atardeceres. Mientras tanto, sigue buscando la ciudad perfecta para vivir.

Aun así, después de horas de charla, queda la sensación de que todavía quedan muchas facetas por descubrir. Y quizá ahí resida parte de su encanto: en todo lo que aún queda por contar. 

Después de esta charla, queda claro que Mirianna es mucho más que esa compañera alegre, divertida e italiana que todos conocemos. Es una persona inquieta, valiente y muy sensible, con una enorme curiosidad por el mundo y una forma muy especial de conectar con los demás. Cercana, espontánea y apasionada por lo que hace, transmite esa mezcla de energía y calidez que hace que cualquiera se sienta cómodo a su lado. Y, sobre todo, deja la sensación de ser alguien auténtico, de esas personas que convierten cualquier conversación en algo interesante y cercano.


J. Enna

0 Comentarios