Conociéndonos: Entrevista a Luis Pérez Calvo
Para mí el museo es vida
— Luis Pérez Calvo
Hoy charlamos con el artista Luis Pérez Calvo, que durante años trabajó en el Museo Reina Sofía, institución por la que profesa un profundo amor y devoción, y a la que continúa unido como visitante. Luis es la persona más apasionada por Madrid que yo he conocido, un auténtico cicerón urbano que contempla la ciudad siempre con los ojos de la ternura y la belleza. Su obra, genuina y difícil de encasillar, lo sitúa como una de las voces más singulares del arte contemporáneo en España.
Actualmente expone en CentroCentro con la muestra Cromos de artista, una exposición que podrá visitarse hasta el 20 de septiembre y que reúne cerca de cuatrocientas obras inspiradas en la memoria visual y sentimental de Madrid.
Luis, si algo define tu obra es el mestizaje, trascendiendo los límites entre distintos códigos, estéticas y relatos: el arte institucional y el urbano, la alta cultura y la cultura popular, lo kitsch y lo castizo, lo punk y lo museístico se entrelazan. ¿Es esta fusión una decisión consciente o nace de manera natural de tu mirada artística?
Yo creo que es una forma muy natural de mi mirada artística. Me gusta escarbar en recuerdos, en imágenes y en todo lo que voy viendo: artistas, tipografías, música, cine…
Todo eso luego aparece mezclado en la obra de manera muy natural, casi como una cartografía de recuerdos.
En tu último trabajo has dibujado dos paneles de gran formato, cercanos en su dimensión a nuestra obra más célebre, el Guernica. Son paneles que dibujas in situ. Es arte vivo y efímero a la vez. Cuéntanos alguna curiosidad de este proceso artístico. ¿Cuánto tiempo dedicas a la elaboración de un panel? ¿Es un trabajo que planificas previamente o empieza a tomar forma según lo vas dibujando?
Fue algo muy imprevisto entre el comisario y yo. Últimamente todas mis exposiciones han incluido murales.
El proyecto viene de los cromos de artistas, como un divertimento ligado a la infancia. Nunca pensé en llevarlos a mural, pero el volumen era enorme con cerca de 400 cromos.
El proceso mezcla planificación e improvisación. Hay una base previa, pero luego se va construyendo mucho en el momento.
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| Cromo 251, Luis Pérez Calvo. Fuente: CentroCentro |
En tus paneles tejes, a través de redes culturales y emocionales, la historia reciente del arte contemporáneo en Madrid. El espectador, siguiendo ese maravilloso hilo de Ariadna, se adentra en el laberinto del arte, descubriendo poco a poco los hilos invisibles, el entramado de recuerdos, conexiones y secretos artísticos. ¿Cómo describirías tu relación con la ciudad? ¿Qué significado tiene Madrid para ti en términos personales y artísticos?
Madrid está muy ligado a mis recuerdos y a mi forma de mirar. Desde los 18 o 19 años trabajaba recorriendo la ciudad, repartiendo correspondencia, cobrando recibos o llevando reembolsos. Cada día estaba en un barrio distinto: Vallecas, Chamberí, Carabanchel…
Me fijaba en todo: los portales, las molduras, las tipografías, los carteles, la publicidad. Todo eso se me iba quedando dentro.
Cuando camino por Madrid vuelvo muchas veces a esos recuerdos, y me gusta recuperarlos y llevarlos al dibujo. Muchas de las conexiones que aparecen en mi obra nacen precisamente de ahí.
¿Qué ha supuesto para ti a nivel profesional tu paso por el Museo Reina Sofía?
Aparte de la seguridad económica, ha sido el contacto diario con el arte y con artistas que admiro. Ver las obras en directo, convivir con ellas y poder fijarme en los detalles: cómo están montadas, si están grapadas, la firma, los materiales… Todo eso forma parte de la experiencia del museo.
Para mí el museo es vida.
Por tu formación, tus experiencias y tu trayectoria profesional, eres un artista con una perspectiva del arte contemporáneo de casi trescientos sesenta grados. ¿Qué es lo que más te gusta actualmente del arte contemporáneo y qué cambiarías?
Lo que más me gusta es que el arte contemporáneo es otro lenguaje, una forma directa de ver el arte. No cambiaría nada, porque cada uno se expresa a su manera, te guste más o te guste menos.
¿En qué momento de tu trayectoria vital fuiste consciente de que el arte era una necesidad para ti y tomaste conciencia de que eras un artista?
Desde pequeño dibujaba, como una especie de terapia. La conciencia llegó cuando empecé a mostrar mi obra y vi que la gente disfrutaba con ella. Ahí entendí la transmisión de emociones.
¿Qué quieres que la gente experimente cuando vea tu obra? El arte nos salva en muchos casos. ¿De qué quieres que nos salve tu obra?
Que transmita paz. Y que la gente salga con la sensación de haber aprendido o de haber visto algo que le haya hecho bien.
En tu obra, tus Cromos de artista, obras de pequeño formato, funcionan como auténticas píldoras de memoria entretejidas en un extraordinario panel donde se mezclan elementos como antenas y robots en un ambiente industrial y futurista. ¿Qué tiene más peso para ti en tu arte, la realidad o la ficción? ¿Crees que el arte debe ayudarnos a anclarnos en la realidad o a evadirnos en la ficción?
Las dos cosas. Mi obra mezcla un Madrid reconocible con elementos inventados. Hay recuerdos, conexiones automáticas, cosas reales y otras imaginadas. Es evasión, pero también memoria.
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| Cromo 469, Luis Pérez Calvo. Fuente: CentroCentro |
Los artistas se nutren de arte. Sabemos de tu visita obligada al templo del arte, el Museo del Prado. Recientemente has presentado un proyecto increíble relacionado con este museo en la feria Urbanity de Madrid, donde reinterpretas las obras con un sentido apocalíptico. Cuéntanos en qué consiste este trabajo; parece que te atreves absolutamente con todo, hasta con lo sagrado. Para terminar, háblanos de tus últimos proyectos: tu colaboración con M21 y tu trabajo de ilustración relacionado con las rutas del cine en Castilla y León.
He creado un “campus del Prado” en un Madrid apocalíptico del año 3000, donde el museo aparece en ruinas. De ahí surgen restos de Velázquez, Tiziano o Goya, mezclados con el Retiro y referencias al cine, como El planeta de los simios. Es un trabajo muy ligado también a mi interés por el cine, porque soy muy cinéfilo, y eso aparece en muchas de las imágenes y conexiones del proyecto.
También he trabajado en rutas de cine en Castilla y León, un encargo distinto, pero muy interesante. Algunas películas ya las conocía y otras las he visto específicamente para este trabajo, lo que ha sido muy estimulante.
Sigo colaborando con M21, en proyectos vinculados a Madrid, que para mí es alimento creativo.
Metafóricamente hablando, gracias a la democratización de los museos, cada vez se reciben más visitas, pero el arte contemporáneo exige una mirada distinta. ¿Con qué “gafas”, metafóricamente hablando, crees que debe ir un visitante a un museo de arte contemporáneo?
No tiene que interpretar todo según la realidad. Lo importante es lo que le transmite. Como cuando un piano de cola te lleva a recuerdos o sensaciones distintas. No hay una sola lectura.
Para finalizar, Luis nos ha dedicado en exclusiva uno de sus Cromos de artistas. En él, Luis realiza una reinterpretación de Los Patos del Buen Retiro de Julian Schnabel en diálogo con la estética pop de Roy Lichtenstein.



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