Cuando se comenzaron a realizar las entrevistas que pueblan esta sección a compañeras y compañeros, me pareció una idea genial. Y no sólo genial, me pareció urgente y necesario, muy necesario. No me cansaré de repetir que los trabajadores que desempeñamos nuestro trabajo en las salas de los museos hacemos museo. Los organismos rectores de las instituciones museísticas olvidan con suma facilidad que el público nos ve, nos habla, nos pregunta. Que somos la cara visible del museo Lejos de constituir una mera necesidad legal o un fastidio burocrático, las decenas de miles de visitantes que pasan a diario por las salas de las pinacotecas no suelen conocer a los grandes directores ni gestores, comisarios o restauradores. Es a nosotros a quien ven; vigilancia de salas, información, mediación... Estas son las personas a quienes se dirigen.

Con esta entrevista a la artista madrileña Raquel Antón Gallego, RAN, quisiera hacer mi particular homenaje a todos los vigilantes de sala que además son ellos mismos artistas.

Conocí a Raquel en el año 2006 en el museo Thyssen. La recuerdo apoyada en las incómodas sillas que teníamos por entonces con sus libretas, trabajando discretamente en sus bocetos. Actualmente Raquel cobra una pensión por discapacidad, y ya no puede trabajar. Pero nunca ha dejado de trabajar en su arte. Y su arte es mucho decir, como vamos a ver. Las obras de Raquel se pueden admirar en varios espacios públicos de Madrid. En las vidrieras de La Milagrosa, en el Museo etnográfico de San Sebastián de los Reyes, por poner dos ejemplos; y además Raquel es una figura importante con respecto de la realización de la obra del escultor Juan Muñoz.

Hola, Raquel. A lo largo de tu trayectoria has pintado mucho, dominas muchas técnicas, y además está tu faceta de restauradora. Desde tu época de la universidad hasta ahora has producido y vendido mucha obra. Has expuesto en varias ocasiones, la última en la galería Wilco, de Madrid. ¿Te parece que comencemos hablando de las vidrieras de La Milagrosa?

La historia de la Milagrosa se remonta a cuando trabajaba en la restauración del Paraninfo, en la calle San Bernardo. Allí había una vidriera de Maumejean, una firma de vidrieras del siglo XIX/XX bastante importante de origen francés. La firma cayó en el olvido tras morir el fundador (Maumejean, no recuerdo el nombre.) y por casualidades de la vida la compró Francisco Hernando (creo que se llamaba), pero no conocía la técnica de pintar vidrieras y es una técnica bastante elaborada, entonces empezó a buscar artistas que le pintaran vidrieras sobre todo restauraciones, y no encontraba a nadie que conociera la técnica.

Un día, éste tal Francisco Hernando fue al Paraninfo, donde estaba yo restaurando junto a otros compañeros restauradores. La vidriera del Paraninfo era Maumejean, aunque no necesitaba restauración (sólo una limpieza). Francisco Hernando llevó unos cristales al Paraninfo y nos dijo que si queríamos probar a pintar en el vidrio con un pigmento que él nos facilitaba también que se disolvía con vinagre. Algunos quisimos hacer la prueba y yo cogí un cristal y los pigmentos e hice un fragmento del "Descendimiento"de Van der Weyden. Me costó bastante, no se podían hacer sombras, era difícil de manejar ... una vez pintada había que hornearla. Otro día volvió Francisco y le dimos las muestras, las horneó y la mía le gustó mucho...

Entonces me propuso pagarme un cursillo en La Granja de San Ildefonso para aprender la técnica clásica de pintura de vidrieras

¿Y a raíz de toda está historia te proponen lo de la Milagrosa?

Sí, la Milagrosa tenía una vidriera Maumejean que en la guerra civil rompieron y tapiaron. En 2002 quisieron abrir de nuevo el muro y poner otra vidriera. Recuerdo que me pagó 400€ por pintar la vidriera, yo me inventé los personajes a partir de un boceto.




En cuanto a tu trabajo para el Museo etnográfico de San Sebastián de los Reyes, cuéntanos en qué consistió en grandes líneas.

Creo que fue sobre 1998, uno de mis primeros trabajos, dar clases de restauración de muebles y pintura decorativa en lo que llamaban "universidad popular de San Sebastián de los Reyes", creo que me lo dijo una amiga, que buscaban una profesora. Empecé y todo fue muy bien. Cuando llevaba aproximadamente un año dando las clases me propusieron restaurar algunas piezas etnográficas que tenían en un museo incipiente que habían hecho con piezas donadas por los vecinos. Me contrataron como si diera más horas de clases y por las mañanas iba a restaurar etnografía.

En la plaza de San Sebastián de los Reyes había una gran casa antigua, el Caserón la llamaban. El ayuntamiento propuso montar allí un museo más grande y serio, porque donde yo restauraba era en una planta de la "universidad popular", un sitio muy pequeño. Se adjudicó el Caserón para albergar el museo etnográfico y se pidieron restauradores mediante el inem o algo así. El caso es que cogieron a unas 10 personas para restaurar...

Eso sería sobre 2002/03... con la mala suerte para mí, que yo lo había iniciado, escogieron a una coordinadora de los trabajos de restauración que no era yo... eso me entristeció bastante porque además la coordinadora cobraba más y no tenía mucha idea...pero así son las cosas...Estuvimos aproximadamente un año en el Caserón restaurando piezas. También haciendo dibujos para ilustrar distintas secciones del museo. Hoy en día se puede visitar, en la plaza del Ayuntamiento.

Cuando se acababa el plazo que duraba la subvención para el trabajo de restauración, una compañera me habló de que una amiga suya trabajaba de vigilante de sala en el museo Thyssen y parece que buscaban gente.

Aquí se puede ver en el blog de Raquel algunas de las intervenciones en restauración que hizo para este museo

Y aquí la web del Museo Etnográfico El Caserón



¿Cómo fueron tus inicios como artista emergente? ¿Cómo se podía exponer en España, concretamente en Madrid, a principios de los 90?

Empecé a exponer mediante un programa que había, "la red de arte joven" que facilitaba lugares de exposición para jóvenes menores de 30 años. Así yo aceptaba casi todos los lugares que me ofrecían, centros culturales, bibliotecas, alguna galería... A la vez trabajaba siempre ayudando a mi hermano Gonzalo, que tenía una pequeña empresa: CCTT (Construcciones Tridimensionales) de maquetas y prototipos.

Así conocimos a Juan Muñoz. Respecto a lo de Juan Múñoz, te diré que no fue directamente yo la que contacté con él, si no que fue él quien contactó con mi hermano Gonzalo mediante las páginas amarillas, donde CCTT tenía un anuncio. Debió ser allá por 1998/99. Parece ser que tenía un proyecto bastante innovador y no encontraba colaboradores. Hay que decir que Muñoz tiene una obra amplia y voluminosa de esculturas, muchas con mecanismos que hacen que muevan ciertas partes del cuerpo.

En ajustar mecanismos de esos colaboró Gonzalo, aunque las obras en que intervino son todas de colecciones particulares (cabezas de poliéster gris que susurran).

Pero la obra estrella que Juan Muñoz quería lanzar y no encontraba ayudantes era una figura de un hombre, que se realizaría probablemente en bronce o latón, de pie, con una esfera sujeta con ambas manos y dentro de la zona abdominal. La figura estaba hecha a base de triángulos huecos, como una malla de triángulos. No encontraba a nadie que le pudiera desarrollar ese proyecto. Contactó con unos publicistas que fueron los que contactaron con Gonzalo por páginas amarillas y un día quedamos con él, en su casa donde nos explicó el proyecto un poco por encima.

Yo colaboré pasando la figura, de 3 dimensiones a 2 mediante un programa de ordenador. Una vez plano se llevaba a cortar por láser y luego se iban doblando los triángulos formando la figura primera. Aparentemente es fácil pero era un movidón... me enseñó Luis Rodrigálvarez (socio también de CCTT) que era entendido en esos temas por ordenador. Gonzalo quedaba con Muñoz de vez en cuando, fueron al Guggenheim juntos, conectaron y se llevaban muy bien. Era una persona muy inquieta, siempre muy ocupado, yo sinceramente no tuve mucho trato, pero lo poco que tuve fue siempre muy correcto y cordial todo.

El proyecto seguía adelante hasta que una mañana, estábamos viendo el telediario y anunciaron la muerte de Juan Múñoz debido a que le estalló una arteria en la zona abdominal. Fue un gran impacto la noticia, fue una muerte repentina e inesperada. Quedó la figura inacabada, inquietante por lo que representaba: un hombre en pie sujetando una bola dentro de su cavidad abdominal. Paralelismo de su muerte: arteria estalló en su abdomen.

¿Cómo crees que es la relación entre los artistas y los museos? ¿Crees que se necesitan mutuamente de forma necesaria?

Los museos claro que son necesarios, pero no sólo para los artistas, si no para todo el mundo. Son lugares dónde exponer, en nuestro caso obras de arte, que ilustran nuestro pasado artístico, o nuestro presente. Creo que se tendría que cuidar más de los artistas emergentes, organizar exposiciones, museos permanentes...

Yo ahora vivo una vida muy precaria, recibo una pensión muy pequeña con la que no llego a fin de mes (una pensión debida a una depresión grave que me incapacita para trabajar) y trato de ampliarla con mi arte, pero es difícil, tampoco tengo mucho espacio para pintar grandes o medianos formatos ni soy conocida como para tener suficientes encargos; pero no me quejo, porque puedo pintar...

¿Qué políticas implementarías tú para mejorar y facilitar la formación de los futuros artistas?

No sé cómo será ahora la formación artística en Bellas Artes por ejemplo, pero cuando yo estudié, en los noventa, era bastante completa y variada, aprendí mucho. Lo que vuelvo a repetir es que debería promocionarse más a los artistas emergentes, organizando exposiciones, ferias accesibles a los jóvenes artistas.

Nómbrame algunos de los artistas que más han influido en tu arte.

Mi arte es muy personal y no soy muy consciente de cuáles son mis referentes. Me gustan artistas muy diferentes, me encantan los primitivos flamencos, el Renacimiento, los ismos (como fauvismo, impresionismo, expresionismo), el pop art, Hopper, Gauguin, van Gogh, Paul Klee, Gustav Klimt, Matisse... Me gustan las formas definidas y coloristas, sobre todo paisajes y retratos es dónde mejor me expreso. He practicado muchas técnicas y me decanto por el Acrílico sobre lienzo, también ceras sobre papel, o Rotuladores acrílicos (que son relativamente recientes y me gustan mucho).





Háblame de tu experiencia como vigilante de sala en el Museo Thyssen.

Mi experiencia como vigilante de sala en el museo Thyssen fue entre los años 2006-2010.Yo nunca había trabajado cara al público ni en un puesto de trabajo de ese tipo (atención al visitante, vigilancia de la sala; todo en el más absoluto silencio). Los primeros días me centré en el aprendizaje del trabajo, familiarizarme con el uso del equipo de radio, los códigos, las salas, dónde está cada colección...

Conecté muy bien con algunos compañeros, siendo para mí una experiencia muy positiva: conocí gente maravillosa, con algunos de ellos aún mantengo el contacto. Los ratos más solitarios en las salas del Thyssen solían utilizarse, sobre todo, para leer. Yo me llené los bolsillos de la chaqueta de rotuladores y pasaba esos ratos dibujando los cuadros... tengo libretas llenas de dibujos...Luego, al cabo de unos cuantos años, sufrí un episodio depresivo mayor que me obligó a dejar el trabajo y actualmente soy pensionista (con una muy pequeña pensión, pues a pesar de que he trabajado no he cotizado tanto.)

Realmente merece la pena visitar el blog de Raquel para ver su arte, del que ella prefiere que juzguen otros. Es colorista, expresivo, salvajemente tierno y escrupulosamente ejecutado, audaz en la técnica, fauvista y naive. Además de pintora y restauradora, es artesana. Realiza artesanía en fieltro, fabricó numerosos broches de este material y los compañeros nos los poníamos en la solapa del uniforme, desde cuadros clásicos ejecutados al detalle hasta todo tipo de encargos que le pedíamos y que ella realizaba con maestría artesanal. Actualmente acepta encargos de retratos, copias de obras de arte o de producción propia en formatos variados, ¡No dejéis de visitar su blog! 

Muchas gracias por haber charlado con nosotros, Raquel.

¡Gracias a vosotros!










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