La sala y yo: Eclipses y eclipsados
El próximo 12 de agosto al atardecer tendrá lugar un fenómeno astronómico espectacular que apenas durará 1 minuto y 40 segundos: un eclipse total de Sol. Durante ese minuto y medio, el Sol será ocultado por la Luna y el día se hará noche.
Muchos afortunados, entre los que
me incluyo, lo podremos ver (siempre que el buen tiempo acompañe) y seguro que
no lo olvidaremos nunca. Lo siento por los compañeros de tarde a los que les toque
trabajar ese día y tengan que estar en el Museo, pero les quiero adelantar que el
2 de agosto del 2027 tendrán otra oportunidad similar porque habrá otro eclipse
solar, en este caso al mediodía.
Además, si alguno se queda todavía con ganas de más eclipses, no tendrá que
esperar mucho tiempo ya que en enero del 2028 tendremos otro más, aunque no
será tan espectacular como los anteriores porque será solar anular y la Luna no
tapará totalmente al Sol.
En fin, tres ocasiones únicas para
mirar al cielo. De ahí que en los círculos astronómicos se esté hablando desde
hace tiempo de lo que ya se conoce como “la tríada de eclipses ibéricos
2026-2028”. El siguiente que podremos contemplar desde nuestro terruño no
ocurrirá hasta el 2053.
Que estos tres fenómenos sean tan seguidos y, además, se puedan contemplar desde España es algo muy excepcional. El último eclipse solar total que se pudo observar en la península ocurrió hace más de un siglo, concretamente el 17 de abril de 1912, dos días después del hundimiento del Titanic. Por los recortes de periódico de la época sabemos que España se convirtió entonces en un foco de interés astronómico mundial y que vinieron equipos hasta de la universidad de París a registrar el evento. En 1912 el eclipse llegó a ser total durante unos pocos segundos y la franja de oscuridad atravesó Galicia, León y Asturias. El fenómeno fue filmado con un cinematógrafo por un destacado astrónomo catalán, Josep Coma y Solá, desde O Barco de Valdeorras (provincia de Ourense), dato curioso puesto que el cinematógrafo era un invento relativamente reciente de 1895. Ojalá nuestro redactor Sertorio, en su búsqueda incansable de sucesos históricos, pueda rescatar alguna reseña de la época de tan comentado suceso.
Mucho ha cambiado el mundo desde
1912, pero el asombro, la curiosidad y el interés que provoca este tipo de
fenómenos en la comunidad científica y en la sociedad sigue siendo el mismo.
En un eclipse solar, la Luna
(durante la fase de luna nueva) oculta al Sol. Los tres astros están alineados y
al interponerse la Luna delante del Sol, proyecta su sombra sobre la Tierra. El
Sol es mucho mayor que la Luna, su diámetro es 400 veces mayor, pero se da la
coincidencia de que está aproximadamente 400 veces más lejos de la tierra, con
lo cual los tamaños aparentes de dichos astros son prácticamente iguales y por
eso desde nuestra perspectiva la Luna tapa al Sol.
En esta imagen mostramos la
franja de totalidad o zona de oscuridad total que se corresponde con la sombra
de la Luna sobre la Tierra. Atravesará el océano Ártico, el Noreste de
Groenlandia, oeste de Islandia, cruzará el océano Atlántico y se adentrará en
la península ibérica cruzándola de oeste a este, pasando por numerosas
capitales de provincia, desde A Coruña hasta Palma, incluyendo: Lugo, Orense, Oviedo,
León, Zamora, Valladolid, Palencia, Segovia, Burgos, Soria, Santander, Bilbao,
Vitoria-Gasteiz, Logroño, Guadalajara, Cuenca, Zaragoza, Teruel, Lleida,
Tarragona, Valencia y Castellón de la Plana.
Todos los meses, durante la fase
de luna nueva podría haber un eclipse solar, pero eso no ocurre porque los
planos por los que orbitan la Luna y el Sol no son coincidentes, hay una
diferencia pequeña entre ellos de unos 5 grados que provoca que no haya un
eclipse cada luna nueva, solamente ocurre cada cierto tiempo cuando se cruzan
las dos órbitas. Esos puntos de cruce se llaman nodos y es ahí, cuando los dos
astros están cerca de los nodos, donde ocurren los eclipses solares. Hemos
simplificado la explicación científica, pero hay mucha ciencia detrás de este
asombroso fenómeno, que siempre ha fascinado al ser humano. De hecho, hay
petroglifos del 3300 antes de Cristo que podrían representar un eclipse. Los babilonios,
mayas y chinos también los registraron y casi siempre los asociaban con catástrofes,
epidemias y malos augurios. De la Edad Media a nuestros días mucho ha cambiado
la sociedad y gracias a la ciencia hemos podido comprenderlos y estudiarlos. En
la actualidad, un eclipse solar se ha convertido en un fenómeno masivo y popular.
Como se diría ahora, es un evento mainstream que nadie quiere perderse y en
concreto el del próximo 12 de agosto será de los más fotografiados, porque
sucederá al atardecer cuando más bonito está el cielo.
En España el eclipse comenzará aproximadamente a las 19:30, produciéndose el máximo de oscuridad a las 20:27, la oscuridad total. La Luna tapará completamente al Sol durante uno o dos minutos, dependiendo de la ubicación exacta desde donde se observe. El eclipse terminará sobre las 21:15, que coincidirá en muchos lugares con la puesta de sol. Se da la coincidencia de que esa noche del 12 de agosto es el máximo de la lluvia de estrellas más famosa de todos los veranos, las Perseidas, y al coincidir con luna nueva podremos observar los meteoros sin ningún estorbo. Así que los que ese día no puedan contemplar el eclipse aún tendrán tiempo de mirar al cielo y pedir algún deseo cuando aparezca alguna estrella fugaz.
Pero no todos los eclipses son astronómicos. También existen los eclipsados del arte: innumerables artistas y creadores con carreras artísticas brillantes que, sin embargo, sufrieron el silenciamiento y la indiferencia. A veces influyó el azar, el gusto de la época, la confluencia con un gran artista, la incomprensión de la sociedad hacia su obra o el género (porque casi siempre hay más eclipsadas que eclipsados).
Picasso, tan presente en nuestro Museo, fue uno de los artistas que más eclipsó: por su personalidad, por su
genialidad, por su excesivo ego, por su éxito permanente, por su capacidad de trabajo… Fue tan brillante que ensombreció a muchos, como a Dora Maar, pareja y, sobre
todo, artista multidisciplinar (pintora, fotógrafa, escultora) que tuvo la
fortuna —o la mala suerte— de coincidir con él.
Otro ejemplo de artista eclipsado,
o más bien que no llegó a brillar tanto como se esperaba de él, en este caso
por la incomprensión de su obra, podría ser Ismael Smith al que descubrí en una vitrina mientras vigilaba la sala 201.
Ismael nació 4 años después de Picasso y murió un año antes. Fue pintor, diseñador de joyas, dibujante, escultor, grabador… y se convirtió en la gran promesa del arte catalán. Elogiado por los intelectuales de la época, a los 20 años ganó una medalla en la exposición internacional de Bruselas, y el Ayuntamiento de Barcelona lo becó para que cursara estudios de arte en París. Probablemente compartió con Picasso los mismos círculos artísticos, sin embargo, las trayectorias de ambos transcurrieron por caminos opuestos. Picasso lideró la revolución del cubismo y muy pronto se convirtió en un icono global, Ismael se alejó de las corrientes dominantes y evolucionó hacia una estética queer y provocadora que le condujo al exilio. Su vida disoluta y excentricidades incomodaron a la rígida sociedad de su época. Acabó ingresado en un psiquiátrico de Nueva York muy lejos de la primera línea de la pintura. Con el paso del tiempo muchos historiadores y museos le han sacado del ostracismo redescubriendo su obra.
Como la lista de eclipsados es
inabarcable y este artículo se está alargando mucho, me despediré recordando a
otra artista eclipsada que encontré en la sala 205.14. En la vitrina de esa sala hay una pequeña fotografía de la
inauguración de la exposición surrealista que se realizó en el Ateneo de Santa Cruz
de Tenerife en 1935. Aparecen los gurús del movimiento surrealista y entre
ellos destaca una mujer, Jaqueline Lamba. Era amiga de Dora Maar y esposa de André Breton, con el que tuvo una
hija. Fue una pintora y dibujante surrealista que, sin embargo, era más conocida
por ser la esposa de Breton. Brilló con luz propia demostrando su valía cuando se separó de él. Se fue a vivir a EE.UU. y un año más tarde tuvo su primera
exposición individual en una galería neoyorquina.
Seguiremos buscando eclipsados entre las salas del museo mientras esperamos al eclipse del día 12. He olvidado mencionar la importancia de observarlo con gafas homologadas que seguro podréis encontrar fácilmente. Esperamos vuestros comentarios y de paso podéis contarnos desde dónde lo pensáis ver. Acordaros de buscar un sitio alto que mire al oeste, las gafas adecuadas y víveres para pasar una larga noche astronómica porque las Perseidas os estarán esperando. ¡Feliz verano!
Yoruba
1 Comentarios
Muy buen artículo, y esperando con ganas al eclipse, que además con el ritmo que llevamos nos vendrá bien esos minutos en los que bajen las temperaturas cuando el Sol se esconda!
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