Hace unos pocos días empezó en Estados Unidos, México y Canadá la 23ª edición del Mundial de fútbol. Un Mundial que desde hace varias ediciones se ha convertido en una broma de lo que debería ser. Si las dos últimas ediciones se han disputado en países que buscaban blanquear sus regímenes gracias al deporte —como Rusia y Catar—, este año el afán recaudatorio de la FIFA ha conseguido que el número de participantes aumente hasta 48 selecciones.

La FIFA ha inflado el torneo hasta el absurdo y ni aun así la selección italiana ha conseguido colarse entre los mejores. La azzurra, ganadora de cuatro Mundiales, lleva tres ediciones consecutivas sin clasificarse. Italia, al contrario que equipos que son una parodia propia de la desaparecida Copa Confederaciones —como Curazao, Uzbekistán o Haití—, no ha logrado su billete para la fase final tras perder en el play-off con la selección de Bosnia.


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Sin embargo, no todo han sido decepciones para los itálicos en los últimos años. Hace un lustro ganó su segunda Eurocopa, enfrentándose en la final a Inglaterra en el estadio de Wembley. A pesar de ese importante triunfo, no ha sido capaz de clasificarse para los dos siguientes Mundiales. Porque ahí reside la gracia de Italia: ser capaz de lo mejor y de lo peor.

Italia, al fin y al cabo, es un lugar de contrastes en muchos aspectos. En el fútbol no hablamos ya sólo de los resultados de su selección: hablamos de su idiosincrasia. Fue en Italia donde se perfeccionó la táctica defensiva del catenaccio. También es cuna de aguerridos defensas como Baresi, Maldini o Cannavaro. Y a su vez es el hogar de los trequartistas, esos habilidosos mediapuntas capaces de romper las defensas más férreas como lo eran Baggio, Del Piero o Totti.

Mas no sólo de fútbol vive el hombre. El deporte es una representación de la vida, y esa mezcla entre opuestos está íntimamente ligada a la vida italiana. En el ámbito geográfico, es en el norte donde se concentran las principales industrias y centros de finanzas. Por contra, es en el sur donde históricamente ha habido mayores tasas de desempleo. Un país donde tienen cabida el Vaticano y algunas de las mafias más peligrosas. Y estas disparidades también se observan en el carácter de los italianos. Los norteños tienden a ser más reservados y menos efusivos; en cambio, los sureños son más emocionales y afectivos.

¿Y qué decir del arte? Eso que nos rodea cada día en el trabajo. Mientras que en nuestro vecino Museo del Prado encontramos en sus salas a fabulosos pintores transalpinos como Tiziano, Tintoretto o Rafael, en el Reina difícilmente somos capaces de nombrar a alguno que tenga obras expuestas.

Aunque de artistas italianos sepamos menos de lo que fingimos, si de algo tenemos buen conocimiento es de la educación de algunos italiani. O de la falta de ella. Porque los italianos tienen la capacidad de pasar de ser encantadores a ser exasperantes en un momento. Cuando irrumpen en tu sala grupos riéndose y hablando en voz alta, pueden parecer felices y joviales; no obstante, en pocos segundos terminas cansado de advertirles que no se acerquen a los cuadros y pedirles que bajen la voz. Ruidosos, sí, pero siempre elegantes.

Los contrastes. Los que permiten pasar del cielo al infierno en un momento. Los mismos que hacen que su selección fracase, triunfe y vuelva a fracasar. Los que sirven para explicar tantas cosas inexplicables. Los que hacen que Italia sea, sencillamente, Italia.

En una célebre escena de Los Simpsons, Hank Scorpio le preguntaba a Homer Simpson cuál era su país menos favorito entre Francia e Italia. Homer respondía que Francia, y Scorpio aseguraba que no había ninguno que dijese Italia. Ahora, queridos vigilantes, os pregunto: ¿de qué nacionalidad son los visitantes que más detestáis? Y ya que abrimos hablando de fútbol, ¿qué selección no queréis que gane el Mundial bajo ningún concepto?




Miguel González


1 Comentarios

  1. Aunque no me disgusta el futbol que hace (al menos en los partidos que he visto de este mundial), no me gustaría nada, nada,nada que ganara EEUU, principalmente por la desafección que me provoca su presidente y toda su camarilla. Y en cuanto a los visitantes, ¡mamma mia! Que estridentes son en sala los italianinis!!! Estupendo artículo, y que bien se lee en estos días de fútbol!

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