Miau: Madrid sale a bailar
La verbena está compuesta por cuatro elementos: el aceite por dentro, el sudor por fuera, el vino que debería estar fuera y se vierte dentro, y la sangre que debería andar por dentro y se escapa por fuera.
—El Globo
Desde un principio, dejemos claro que la verbena tipo, la más sobresaliente del año, la que ha merecido especial distinción “por celebrarse en un barrio que inmortalizaron jácaras, novelas y sainetes inolvidables”, es la verbena de La Paloma. Diríase, como señala el Heraldo de Madrid, que “en ella los mantones de Manila lucen más, y son más alegres las caras, los bailes y los mil cuadros que se ofrecen”.
Cuando los vecinos y el resto de “forasteros” se disponían a celebrar la verbena de la Paloma, todas las calles estaban engalanadas con arcos de follaje, banderolas e iluminaciones que resultan “espléndidas”. Había muchos “salones de baile” al aire libre y bajo techo. Tal vez, se decía, “no quede calle en la que no se rinda culto a la diversión favorita de nuestro pueblo, y donde no se oiga esta noche el alegre son de los pianos de manubrio”. Porque el pueblo de Madrid “tiene una gran afición a divertirse. En cuanto ve unos farolillos de colores y oye algunos compases de un organillo, nuestro pueblo se entrega a la diversión, en cuerpo y alma, sin regateos y sin hipocresías. El cuerpo le pide chillar, reír, alborotar, y alborota, ríe y chilla sin descanso (…) Ni en los días peores de la Guerra de la Independencia, nuestro pueblo no escatimó sacrificios, procurándose diferentes diversiones (…) Cada pueblo tiene su carácter y el nuestro no es tétrico ni llorón”.
La alegría, la animación, el condumio y las riñas no faltaban a su cita cada año. Por ello, un articulista de El Globo señalaba que la verbena estaba compuesta por cuatro elementos: “el aceite por dentro, el sudor por fuera, el vino que debería estar fuera y se vierte dentro, y la sangre que debería andar por dentro y se escapa por fuera”. Consecuentemente, la Verbena era vivida por gran parte de los vecinos como “un pretexto de una borrachera colectiva y de bailoteo”.
Un aspecto insistente en este tipo de artículos son las descripciones de hermosas mujeres: “¡Cuánta mujer bonita podemos encontrar!”, las cuales nos pueden “llevar al Infierno, pues hay mozas capaces de haberle hecho pecar al mismísimo San Antonio (…) La Virgen de La Paloma se complace en tener vecinas guapas y alegres”. Las calles del Águila, Toledo, Costanilla de San Andrés, Ángel… y todas las que rodean a la iglesia de la Paloma son “lugares de desfile, donde infinitas chulas lucen vistosos mantones de Manila (…) La capilla de la Virgen es un ascua de oro y una exposición de mujeres hermosas (…) Todo el barrio se tiene que sentir orgulloso y con razón”.
Resultan muy joviales las crónicas que describen el desarrollo de los festejos. Veamos, a modo de paradigma, cómo es narrado uno de estos bailes (“Liceos sin techo”), celebrado en la Plaza de la Cebada:
El salón de baile, para el cual se habilitó y engalanó toda la parte este del mercado, no presentaba mal golpe de vista, lleno de gente y a la viva luz de unas cuantas lámparas de arco voltaico. Bien es verdad, que en el ambiente se advertía un penetrante olor a pescado y hortalizas, más no había de ser cuestión para deslucir la bulliciosa fiesta. No lo fue, y en verdad que acaso buena parte del público ni lo advirtió, efecto de la costumbre… Descubrir el tumulto que se promovió fuera casi imposible, como debió serlo que alguien creyera que en tales circunstancias y con semejantes condiciones, dejara de serlo.
Una vez ocupado el salón, dio comienzo el baile, si bien a duras penas en un principio. Poco después llegó el alcalde, el sr. Aguilera, empezando a adoptar disposiciones para el mejor orden de la fiesta; disposiciones acertadas, eso sí, pero que hubieran sido mejor y más oportunas dictadas antes. Cuando llegó la música del Hospicio, tarde por cierto, y la de San Bernardino, más tarde aún, comenzó el baile.
Era de ver el entusiasmo con que la numerosa concurrencia se entregó a la danza. Los “polkas” y en especial los “schotis” alcanzaron gran éxito. El espectáculo resultaba sumamente curioso. El bullicio de las parejas, que en apiñados grupos marcaban los compases de la música, los vibrantes ecos de las bandas, los picarescos dichos que a cada instante se oían, el estruendo y algarada producidas cuando sufrían las luces, rápidas intermitencias… Todo formaba un conjunto muy animado y característico. “La fiesta terminó muy de mañana”. En definitiva, un bailoteo que resultaba la mayoría de las veces “más gustoso para los bailarines, cuanto peor le parece al que lo contempla, como pasa con otras muchas cosas de este mundo”.
Y estas escenas que nos sumergen en este ambiente lúdico, queridos lectores de la Gaceta, son las que inmortalizó con su pincel nuestra admirada Maruja Mallo en su serie sobre las verbenas, así como otros autores presentes en nuestra colección, como Francisco Sancha Lengo con su obra Buñolería (1927) o Lorenzo Victoriano Aguirre Sánchez y su Noche de Verbena (1919).
Fuentes:
El Imparcial: 26 de mayo de 1883, 15 de agosto de 1900, 15 de agosto de 1901 y 16 de agosto de 1901
Heraldo de Madrid: 15 de agosto de 1901
El Globo: 15 de agosto de 1903 y 15 de agosto de 1910
La Época: 15 de agosto de 1903
La Libertad: 15 de agosto de 1920
SERTORIO


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